El Mundo del Vino
Chamgane y Vinos Espumosos
Los
Rosados
El vino apropiado para la comida apropiada; una combinación hecha en el cielo.


No hay evento social que no vaya acompañado de un buen vino. Lo que es mas no debe haber una buena comida sin que vaya acompañada de un vino que termine de hacer la combinación perfecta en el paladar. Para lograrlo hay ciertas reglas básicas que te ayudan a llevar acabo esa combinación para cerrar con broche de oro tu comida.



CANTIDADES:
En cuanto a la cantidad necesaria, depende del evento el nivel de consumo. Los caterings profesionales calculan que cada adulto consume media botella de vino en una fiesta. En una comida se reduce a 2 copas.
Piensa que una botella de tamaño normal te permite servir seis copas de vino.



TIPO DE VINO:
Aunque en el último año muchos catadores se han revelado contra la clasificación tradicional de "el tinto para la carne y el blanco para el pescado", lo cierto es que esta regla responde a una razón lógica: se trata de ensalzar el sabor del vino y de la comida. Un vino demasiado fuerte puede dejar insípido al plato más exquisito y uno demasiado suave pasa desapercibido en una comida fuerte. Siguiendo esta regla es fácil combinarlo.

"Los tintos y los vinos de más cuerpo van bien con comidas pesadas y con queso. Para alimentos más suaves como pescados va bien un blanco o un clarete", afirma Guillermo C. Suárez, propietario de Distribuciones Enológicas Siglo XXI y profundo conocedor del mundo de los vinos.

"Hay tintos con más cuerpo como los de Borgoña o la Rivera del Duero en España, los tintos más ácidos o ligeros son de Burdeos o de la Rioja. Los blancos de Oregon son buenos ejemplos de un vino seco, blancos afrutados son el Chablis o el de Rueda", agrega.


Los tintos y los vinos de más cuerpo van bien con comidas pesadas y con queso.

Junto a esta regla básica existe una serie de principios que te pueden ayudar a lograr la mejor combinación: los alimentos salados necesitan un vino ácido que reduzca el sabor a sal, como el Vino Verde de Portugal.

Los postres dulces reducen el sabor excesivamente dulce de algunos vinos: un vino blanco ligeramente dulce, un Chardonnay de California, va bien con un pescado con una salsa de mango por ejemplo. Lo mismo se aplica a los postres: el vino debe ser algo más dulce que el postre en cuestión para que no desaparezca en tu paladar, una buena selección es un vino alemán del Rhin o Mosela.

Lo amargo necesita un vino también amargo para que los dos sabores se neutralicen, como un Cabernet de Burdeos.



EL ARTE DE MARIDAJE:
maridaje consiste en ligar cada comida con su vino correspondiente, y existen determinadas recomendaciones, pero en definitiva, el resultado final se trata más de cierto gusto personal que de ellas.

Por lo general, la elección del vino no resulta sencilla, depende de muchos factores, ya no vale sólo para la carne: el tinto y para el pescado el blanco, depende también de que tipo de carne o pescado se trate, y sus guarniciones. Además, influye también el tipo de uva del vino, garnacha, tempranillo, macabeo, merlot, chardonay, cabernet,… ,el mes de cosecha, los meses de crianza, etc.

Te ofrezco una gúia breve y práctica de maridajes y combinaciones que pueden o no hacerse más comunes. Veamos algunas recomendaciones sobre qué combinar:

Con guisos, carnes rojas y blancas, asadas o a la parrilla: vinos rojos no muy fuertes.

Con parrilladas, venados, liebres, perdices y caza en general, así como quesos: vinos rojos con cuerpo.

Con foie-gras: Brut, vinos blancos abocados y vinos generosos.

Las comidas potentes como la caza o la carne roja matan el sabor de un vino blanco mientras que un marisco no se suele acompañar con tinto y si con blanco ya que los matices tánicos del primero pueden afectar al sabor del plato. Si empleamos un determinado vino en un guiso, conviene mantenerlo durante la cena para no mezclar extraños sabores.

El Vino Espumoso en sus tres tipos acompaña todos los platos y de principio a fin de una comida. Lo mismo puede decirse del vino Rosé. Esta fórmula resuelve muchos problemas, desde la difícil decisión de elegir los vinos, hasta la económica.

Se debe evitar mezclar el vino con agua, frutas, hors·douvre, chocolates y ensaladas. En todo caso, recordar siempre el siguiente consejo:
lo importante en la ensalada es el aceite y no el vinagre. De este último sólo unas gotas. Esto es debido a que el vinagre y el chocolate son enemigos del vino.

Aunque no existen reglas escritas, los vinos deben servirse en consonancia con las texturas y colores de los platos

El vino es uno de los ejes centrales de tu comida por lo que elegirlo bien es un reto.

Al final los vinos se deben adaptar a los gustos de quien los disfruta aunque siempre dentro de unos límites que conviene respetar. Los vinos deben ir en consonancia con las texturas y colores de los platos.






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